Desde el polémico nombramiento del exministro del Interior Christophe Castaner como consultor en responsabilidad social y medioambiental, hasta la venta en línea de muñecas pedopornográficas, pasando por la apertura de su primera tienda física en los grandes almacenes parisinos BHV, Shein no se ha alejado de los titulares en Francia en los últimos dos años. Su rápido crecimiento, impulsado por la pandemia de COVID y la crisis inflacionista, no ha hecho más que acelerar el declive del sector textil europeo. Sin embargo, al centrarnos demasiado en este gigante de la ultra fast fashion, olvidamos que otras plataformas chinas también están inundando el mercado europeo con sus paquetes pequeños. Su implacable logística pone hoy en jaque a otro sector clave: el comercio minorista.
Ese es precisamente el tema de un informe titulado "Shein, l'arbre qui cache la forêt" ("Shein, el árbol que esconde el bosque"), publicado el jueves 5 de marzo por el Institut Montaigne y elaborado por el asesor para Asia del think tank, François Godement. "La producción textil europea de gama básica ya ha sido destruida. El golpe se concentra ahora en el comercio minorista", declaró a L'Express, lamentando que la conciencia pública siga siendo demasiado limitada. "A los franceses les preocupan menos las pérdidas de empleo en este sector que la desindustrialización. Y, sin embargo, es aquí donde se está jugando hoy una cuestión esencial", observa.
Este sinólogo ha analizado el engranaje bien aceitado de Temu, AliExpress y JD.com —el último conquistador chino en instalarse en el Viejo Continente—. Su diagnóstico es categórico: "Este fenómeno no puede reducirse simplemente a ultra fast fashion de bajo coste: nos enfrentamos a una revolución logística y algorítmica". Amazon abrió el camino. El gigante estadounidense, pionero de la entrega ultrarrápida —el año pasado envió en Francia más de 170 millones de paquetes en el mismo día o al día siguiente—, se ve hoy ampliamente superado por sus competidores chinos.
